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Cómo las microrredes pueden aportar resiliencia frente al cambio climático y las pandemias en un mundo rápidamente cambiante. Parte I

Aportando resiliencia ante la próxima tormenta global

El cambio climático se considera cada vez más como uno de los riesgos globales más importantes de nuestro tiempo. Sus efectos sobre personas, economías, industrias, empresas y gobiernos ya han dado lugar a un cambio generalizado a medida que los inversores lidian con los riesgos y su inestabilidad a lo largo del tiempo. Ahora, la crisis de la COVID-19 ha puesto de manifiesto los graves impactos que pueden producirse sobre nuestros sistemas globales y, de hecho, muestra lo frágiles que son, incluidos nuestros sistemas tradicionales de energía, para manejar tales interrupciones y cambios.

El mundo ha visto un cambio y comprende más claramente la necesidad de equilibrar la optimización de la rentabilidad a corto plazo con la planificación de la resiliencia y su protección a largo plazo, como afirma McKinsey en uno de sus artículos.

Aunque las emisiones se verán reducidas en cierta medida en 2020 como resultado del impacto de la COVID-19 en las industrias y las economías, ahora son más evidentes las consecuencias que el cambio climático podría tener si sus efectos avanzan de una manera más gradual a una más brusca.

Las microrredes pueden aportar resiliencia contra el cambio climático y los fenómenos meteorológicos extremos, como huracanes, inundaciones y otros fenómenos climáticos, así como frente a crisis económicas inesperadas como las provocadas por la COVID-19.

En los últimos dos meses, desde que las economías mundiales se detuvieron repentinamente y sin planificación, hemos visto cómo las fluctuaciones de la oferta y la demanda de materias primas de combustibles fósiles, como el petróleo y el diésel, han atraído la volatilidad de los costes, las interrupciones de la cadena de suministro y los inflexibles contratos a largo plazo, que han ejercido una tremenda presión sobre algunos offtakers en determinados mercados, particularmente en redes aisladas o islas.

 Las microrredes desplazan la dependencia de combustibles fósiles, por ejemplo del diésel, en redes aisladas, minas e instalaciones industriales conectadas a redes débiles.

Las microrredes compensan y desplazan de manera eficaz la dependencia de los combustibles fósiles, especialmente, por ejemplo, del consumo del diésel, en redes aisladas como islas, o en minas e instalaciones industriales que están fuera de la red o conectadas a redes débiles e inestables. Mientras que en 2020 el precio del petróleo se ha desplomado, el precio del diésel solo ha bajado alrededor del 20 %. Las interrupciones de la cadena de suministro y los desafíos logísticos, así como una reducción de la demanda, han colocado a determinados consumidores de energía en una posición poco flexible, en la que algunos de ellos están atados a contratos a largo plazo de compra obligatoria y no tienen una demanda actual de este combustible mientras los mercados están bloqueados o estén en modo de hibernación. La falta de espacio de almacenamiento en las cadenas de suministro de combustibles fósiles ha colocado a muchos implicados en una posición incómoda y poco envidiable. Hay claros y enormes beneficios económicos y de riesgo cuando uno puede eliminar o reducir en gran medida las necesidades de materia prima por completo.

Dado que las microrredes reducen esta dependencia al producir energía del sol o del viento y almacenarla con una batería, los costes de operación son predecibles y muy bajos, una vez realizado el mayor gasto de capital al instalar un sistema.

Considerando las tarifas actuales en ubicaciones fuera de la red y los costes actuales de los sistemas de baterías y fotovoltaicos, dependiendo del caso particular del cliente, las microrredes pueden lograr períodos de recuperación de entre cinco y ocho años y pueden proporcionar beneficios adicionales significativos al cliente más allá de este valor puramente financiero.

Las microrredes se pueden administrar de forma autónoma y proporcionar servicios auxiliares de control de frecuencia, regulación de voltaje y mejora de la calidad de la energía.

Por ejemplo, los sistemas de microrred se pueden administrar de forma autónoma y pueden proporcionar servicios auxiliares como control de frecuencia, regulación de voltaje y mejora de la calidad de la energía. En general, el cliente se puede ahorrar hasta un 60-90% de sus costes anuales de diésel con la instalación de una microrred.

En países donde puede estar produciéndose un declive económico, como en muchos mercados con la recesión global proyectada derivada de la COVID-19, el hecho de disponer de una microrred con resiliencia puede evitar la compra de productos básicos, como el combustible, en monedas locales debilitadas. La reducción en los envíos para el suministro de combustible da como resultado un menor riesgo y una gestión de flota más estricta. Por lo tanto, una instalación industrial en un país con una red eléctrica debilitada o inestable, o una mina ubicada en un área remota, puede ganar en resiliencia y contar con operaciones más eficientes, además de reducir el riesgo de que fuerzas externas afecten su producción.

En la Parte II de esta serie de artículos, continuaremos en este punto y buscaremos cuantificar el coste de resiliencia.

Dominic Goncalves,
VP Desarrollo de Negocio
(Descarbonización) en
Abengoa.

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