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La huella de carbono: el legado involuntario

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Durante los últimos 100 años, se ha producido el mayor incremento de temperatura de la historia, un total de 0,85 ºC, que ha provocado la subida del nivel del mar y el deshielo de las masas glaciares. Este cambio en el clima no solo tiene consecuencias climatológicas sino que también desembocará en impactos económicos y sociales producidos por los daños en las cosechas y la producción alimentaria, problemas en la salud, y fenómenos meteorológicos extremos, como sequías o huracanes.

El hombre, tanto en su vida cotidiana como en la actividad productiva, genera emisiones de dióxido de carbono y otros gases que potencian este calentamiento, los denominados gases de efecto invernadero (GEI).

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Es por ello que debemos tomar conciencia de una forma inmediata en todos los ámbitos y comenzar a actuar. Y para ello, el primer paso es conocer cuál es nuestro impacto o nuestra contribución a ese calentamiento. Una buena herramienta para ello es la huella de carbono.

A grandes rasgos, la huella de carbono es un recuento de las emisiones de GEI que son emitidas por efecto directo o indirecto de un individuo, organización, evento, producto o servicio.

A nivel personal, podemos medir nuestro impacto contabilizando el transporte que utilizamos y el kilometraje realizado; la dimensión de nuestro apartamento (incluyendo el consumo de energía, tipología de electrodomésticos e incluso la superficie habitada); el tipo de alimentación y el consumo realizado en nuestras actividades de ocio. De hecho, para calcular las emisiones producidas a lo largo del año por una persona, existen diversos programas que están directamente orientados a la concienciación acerca de unos hábitos de vida más respetuosos con el clima.

Podemos llevar a cabo pequeñas acciones que contribuyen a la reducción de emisiones.

En este sentido, podemos llevar a cabo pequeñas acciones que contribuyen a la reducción de emisiones, como son el reciclaje, el ahorro de agua y electricidad (por ejemplo, poniendo una lavadora completamente llena), la reutilización de bolsas de plástico y, especialmente, la conducción eficiente (lograda manteniendo una velocidad constante a bajas revoluciones, subiendo de marcha a 2.000 rpm –revoluciones por minuto- y comprobando la presión de los neumáticos con frecuencia, al menos una vez al mes).

Abengoa contabiliza tanto las emisiones propias de sus procesos como las generadas por sus proveedores.

A nivel empresarial, el cálculo es más complejo, ya que las fuentes de emisión de GEI son más diversas. En este sentido, como muestra de su compromiso en la lucha contra el calentamiento global, Abengoa contabiliza tanto las emisiones propias de sus procesos como las generadas por sus proveedores en la producción de los bienes que les suministran. A su vez, también registra las emisiones creadas en la producción de la energía eléctrica que consume y las repercutidas por la construcción de las plantas que explota.

Con el objetivo de conseguir reducir nuestro impacto sobre el calentamiento global, en todos nuestros negocios se llevan a cabo iniciativas de reducción de emisiones de GEI que han hecho posible un decremento de más de 459.000 toneladas de CO2 en 2014 (cantidad equivalente al 4 % del inventario de Abengoa).

Del mismo modo, llevamos a cabo actividades de formación y concienciación dirigidas a todos los empleados, con el objetivo de hacerles plenos partícipes del compromiso de la compañía contra el calentamiento global.
La concienciación es la clave para garantizar el futuro del planeta y, por ello, tanto empresas como individuos deben aplicar pautas sostenibles a sus rutinas diarias.

Cristina Tarazona Rodríguez, departamento de Comunicación de Abengoa.

Cristina Tarazona Rodríguez,
departamento de Comunicación de Abengoa.

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