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La cosecha de agua de lluvia

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La recogida del agua de lluvia para su utilización es una práctica que se ha realizado desde hace miles de años pero que, poco a poco, se fue abandonando con la implantación de los sistemas de distribución. Sin embargo, actualmente, plantea una alternativa que puede contribuir a la gestión sostenible de la elevada demanda de agua.

El aprovechamiento del agua de lluvia o ‘rainwater harvesting’ (RWH), que puede parecer a priori una técnica más empleada en zonas rurales, también es una alternativa real en áreas urbanas aunque las necesidades de acceso a agua potable estén satisfechas por los servicios municipales. De hecho, puede ser una contribución a la solución de los problemas de escasez de las grandes urbes en las que los niveles de demanda de agua son muy elevados.

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En las ciudades, la reutilización de agua de lluvia es un proceso asequible y bastante sencillo. La captación de agua requiere pequeñas inversiones ya que, en los centros urbanos, las áreas expuestas a la lluvia reúnen las condiciones para facilitar esta tarea. Las superficies (tejados) suelen ser impermeables o estar en pendiente y su capacidad de absorción suele ser inferior a la de infiltración, lo que permite el escurrimiento del agua hacia un sistema de conducción que transporta el agua de lluvia desde el área de captación hasta el sistema de almacenamiento. La instalación de un dispositivo filtrante permitirá que se puedan retirar aquellos posibles contaminantes derivados del contacto del agua con la superficie de captación u otros residuos generados por contaminantes externos. El agua de lluvia se almacena en un tanque para su posterior reutilización en sanitarios, para la limpieza del hogar, riego de jardines u otras tareas que no requieran su consumo.

Una reducción del volumen de agua potable que se usa en aplicaciones no potables (sanitarios, riego…) conlleva una reducción directa en la factura de agua del hogar.

La “cosecha de lluvia”, además de tratarse de una forma sostenible para aprovechar una fuente natural y que contribuye a reducir la cantidad de agua consumida de otras fuentes, puede traducirse también en beneficios económicos, medioambientales y sociales. Así, una reducción del volumen de agua potable que se usa en aplicaciones no potables (sanitarios, riego…) conlleva una reducción directa en la factura de agua del hogar.

Según los estudios recientemente publicados por el ICTA-UAB (Institut de Ciència i Tecnologia Ambientals de la Universidad de Barcelona), los hogares con sistemas de recuperación de agua pluvial ahorran más de cinco euros por cada 10 ciclos de lavado. Esto se debe a que el agua de lluvia tiene unas características distintas al agua proveniente de otras fuentes. El nivel de dureza, al poseer pocos minerales contenidos, es bajo y esto hace posible reducir la cantidad de detergentes y suavizantes utilizados, lo que justifica dicho ahorro. Por otra parte, teniendo en cuenta el contexto medioambiental y social, el uso de estos sistemas domésticos de utilización del agua de lluvia traslada a la población un sentimiento de concienciación acerca de un uso racional de este recurso que promueve una cultura de conservación de las fuentes de agua como ríos, lagos y otras reservas de agua potable.

Adicionalmente, la recogida de agua de lluvia evita que ésta llegue a la red de alcantarillado de las ciudades y, por tanto, a la red de saneamiento, reduciendo de esta manera los volúmenes totales tratados en las depuradoras de aguas residuales.

El agua de lluvia, que en teoría es pura, al estar expuesta a factores externos como la contaminación de las superficies del área de captación, no puede considerarse a priori agua potable apta para el consumo humano.

El agua de lluvia, que en teoría es pura, al estar expuesta a factores externos como la contaminación de las superficies del área de captación, no puede considerarse a priori agua potable apta para el consumo humano. Además, y especialmente en áreas urbanas, en la calidad de esta agua así como en su acidez influyen otros factores como los altos niveles de polución del aire, la contaminación de la atmósfera producida por procesos industriales o emisiones contaminantes de vehículos, lo que hace recomendable la instalación de dispositivos filtrantes que eliminen cualquier tipo de sedimento o residuos tóxicos antes de su reutilización, aunque ésta sea con un fin no potable. Para que esta agua se pudiera usar para el consumo humano debería pasar previamente por un proceso de potabilización.

Aunque la instalación de este sistema en el hogar requiere una inversión inicial que puede tardar años en amortizarse y existan otros factores que pudieran considerarse un inconveniente para la implantación de este sistema (como la dependencia de factores meteorológicos y la cantidad de precipitaciones que se registren en la zona), no hay duda de que plantea una alternativa que en el futuro puede convertirse en una solución necesaria para poder gestionar los problemas de abastecimiento en las grandes urbes.

Raquel del Barrio.

Raquel del Barrio.

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